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Refuncionalización del predio del Matadero de la Ciudad de Buenos Aires y urbanización de la villa nº 15 “Ciudad Oculta”


Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo
U.B.A.
Año: 2006
Materia: Proyecto Urbano
Cátedra: Soler

Punteo de rasgos generales
• Plantear soluciones colectivas que interactúen positivamente entre los diferentes escenarios con intereses distintos.
• Consolidación del tejido urbano existente.
• Urbanización de la Villa 15
• Generación de centros Cívicos-Comerciales
• Mejorar las diversas sensibilidades respecto del presente y el porvenir.
• Mantener latentes los fuertes rasgos de identidad y su esencia cultural.
• Reconstruir relaciones entre la población y su entorno inmediato.
• Secuencia de parques públicos en el recorrido de la ciudad.
• Delimitar los cambios de densidad, loteos y diferentes situaciones urbanas mediante la inclusión de bulevares con ejes verdes, diferentes densificaciones, etc., ablandando la transición.
• Conformar hitos urbanos en las intersecciones de las principales circulaciones que sean fuertes referentes entre las distintas partes del tejido.
• Interconectar la zona con el resto de la ciudad optimizando la infraestructura existente.


El futuro es menos importante que el presente. La necesidad de urgencia de asistencia en la villa es más importante que la recuperación del Mercado de Ascienda de Liniers como parque o futuro centro de desarrollo.
La urbanización de la villa, apertura de calles, construcción de viviendas dignas e inclusión social son el presente y necesitan una realización lo más acelerada posible para revertir la situación de deterioro. A este aspecto se lo considera como el presente y la concreción del barrio de recolocación de población y urbanización del sector como el comienzo de revertir la situación.
Se propone la urbanización definitiva de la villa de emergencia. Se mantiene mayoritariamente el trazado de las calles existentes, generando nuevas y/o ampliando su ancho en sectores necesarios. La parcelación de la villa resultaría de un exhaustivo relevamiento que exponga las potencialidades de pasillos existentes, limites de edificaciones, etc.; permitiendo la normalización y parcelación de las manzanas aun no tratadas y la entrega de la propiedad a manos de sus ocupantes según los trabajos llevados a cabo en la actualidad por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
La conformación del parque, la construcción de edificios de prestigio, la generación de nuevos centros cívicos-comerciales, etc., se lo considera como el futuro y no debe mirarse con liviandad dado que es la mano que puede permitir rescatar la zona del abandono acarreado durante años. Su concreción no debe mirarse con urgencia, sino entendiendo su potencialidad a mediano y largo plazo. Esto no implica que las obras públicas deben ser postergadas, sino que su codificación, reordenamiento, vinculación vehicular, centros e infraestructura tienen que ser pensadas para alcanzar su máximo futuro. No debe rechazarse la potencialidad del sector por una conclusión acelerada y desacertada de su densidad. Se entiende que la cantidad de habitantes nuevos pedida en el programa hace voces de una realidad del presente, pero no se tiene en cuenta que la pobre codificación de los terrenos provocaría que los frentes urbanos tanto al parque como a los nuevos centros cívicos-comerciales se formen con una densidad muy pobre, siendo difícil su reversión. El auge de invertir en ladrillos, junto a políticas de estado que faciliten la concreción de viviendas en estos sectores facilitaría la concreción de los nuevos perfiles urbanos propuestos. Esto no es una utopía, basta con mirar las fotos de hace 40 años en donde los descampados y lotes vacios eran la dominación predominante del sector, además de las torres y viviendas de densidad alta construidas en la última década en la zona que resultaron ser una excelente inversión y una solución habitacional para cientos de personas.
Las nuevas manzanas perimetrales sobre el parque preparan al tejido que creció espontáneamente para rodear un murallón, vistiéndolo de gala para el emprendimiento más importante en la zona desde la creación del matadero.
Las 4 caras que circundan al parque se visten de fiesta, se dan a conocer entre si y festejan el nacimiento de su encuentro postergado. Su festejo es el parque que enmarcan, punto de fusión de materia y utopía.
Enmarcar el parque y darle prestigio se logra con la construcción de un frente digno a un emprendimiento de esta envergadura. Las manzanas existentes lindantes con el antiguo matadero sobre Murguiondo son recodificadas para alcanzar la densidad deseada y provocar un cambio sustancial en el uso del suelo, liberando terreno y cambiando su uso de industrial a vivienda de media densidad. Las nuevas manzanas planteadas inyectan sangre nueva al sector, acelerando el perfil buscado a la vez que permiten una continuidad estética y sirven de vínculo entre el núcleo del Resero con sus recovas y los bulevares que lo enfrentan. Las diagonales comprimen la perspectiva de los bulevares, descomprimiéndolas bruscamente sobre el parque. Su conformación también acompaña la forma del complejo Resero, dándole dinamismo al parque.
El parque forma algo más que una diagonal que sirve de atajo al caminante, es un recorrido en cuarta dimensión. flexibilizando la prioridad moderna de la función contorneándola de viva receptividad. El verde se convierte es espacios de esparcimiento, las circulaciones en corredores y lugares de estar, los lugares de estar en circulaciones. El espacio en si mismo va reinventándose según su necesidad sin cambiar de forma. Se generan variantes diferentes de sectores de estar: cubiertos, descubiertos, sobre terreno firme, sobre pasto, enmarcados por las variantes de árboles que por su configuración le dan carácter. El usuario tiene a elegir su suerte. Se generan así lugares para desarrollar gimnasia en el exterior, lugares con aparatos fijos, etc., siempre así, rompiendo la prioridad moderna de la función intercalándola con el ego de la felicidad.
La variedad y organización de los caminos forman un recorrido caprichoso, casi azaroso, reviviendo el espíritu del corredor que se abre camino al andar. El recorrido se tropieza con las diferentes variedades de espacios, pasando por debajo de las arboledas, cruzando los lugares de estar, los caminos, elevándose etc., experimentando una estética dinámica y poco aburrida. La variedad de especies de árboles provocan distintas sombras y distintas situaciones vivenciales, generando una variedad elegible de microclimas. La conformación de los recorridos responde al acto de pasear, en el cual uno camina instintivamente, dejándose llevar. El trabajo cuidadoso del paisaje configura su entorno enmarcándolo y subordinándose al usuario. Se recrean espacios intimistas y selectivos en los cuales la interacción excede de la simple competitividad, La dispersión de situaciones vivenciales en la superficie total del parque alienta a la vinculación directa entre las limitantes, fomentando y potenciando el uso. La disposición de pequeñas plazas en los accesos vuelve a la magnitud del parque en una superficie más tangible, siendo puerta de ingreso al mismo. La generación de jardines de jazmines, lavandas y rosedales y otros (mantenidos por la escuela de floricultura) toman carácter propio por su simple existencia convirtiéndose en un icono del barrio y del recorrido de peatonal.
La conformación de iconos gestuales dentro del parque genera sectores de encuentro. La disposición de la plaza del ombú, la flor-espejo de agua en los accesos vehiculares exaspera la visual hacia el parque acentuando el cambio de ritmo y acompañando la fuerza de los edificios de mayor altura como una puerta virtual de acceso a una nueva sectorización. Estas puertas de acceso, configuraciones visuales que acentúan un cambio en el recorrido se repetirán a lo largo del proyecto.
Se recupera la infraestructura existente sobre el parque actual. Bajo la loza del viejo matadero se constituye un centro deportivo techado, utilizable por la población y las escuelas que no posean espacio para desarrollar actividades deportivas. Esto, en juego con la pileta ya existente y la generosidad del parque para desarrollar actividades al aire libre generan una excelente potencialidad.
Sobre el Edificio del Resero, se combinan las actividades culturales ya existentes, con las referidas al campo y las provincias. Este núcleo potencia la centralidad sobre la Av. Lisandro de la torre. Sobre el parque frente a los monoblocks se colocan los puestos de ferias. Se codifican sus bordes en forma similar a los otros bordes del parque, pero se protege la tipología actual frente al edificio del Resero para mantener la identidad del lugar a modo histórico.
Los loteos en el frente de la villa sobre la Av. Eva Perón no devienen del acto de ocultar, sino de permitir una evolución paulatina y de un acercamiento en la calidad de vida al del resto de la ciudad mientras interactúa con ella sin ser símbolo de vergüenza. A su vez implica una reducción notoria de la demolición de mas villa (en caso que se construyan sobre su proyección), dado que la gran cantidad de terreno a relocalizar, más que una urbanización sería una demolición y reconstrucción. En estos nuevos edificios se permitiría a los habitantes que opten por el crédito para radicarse en otra parte, adquirir una vivienda digna en su mismo barrio. Esto implica una reducción en el sentimiento de agresión de los habitantes hacia las modificaciones planteadas. Las nuevas fachadas trabajan de un modo transparente y no como una barrera visual. La villa se transluce y combina con el nuevo centro formando un tejido único e indisoluble. Estas nuevas manzanas aceleran el proceso de jerarquización de la zona del que se produciría con una simple recodificación (que llevaría muchos años el acto de su transformación). Los edificios jerarquizan el frente de la Av. Eva Perón sobre el parque, funcionan como un alerón aerodinámico, orientando el flujo vehicular y visual en forma natural sin forzaduras, realzando y exponenciando los focos de prestigio y jerarquización de la zona. Permiten que el foco comercial que se encuentra actualmente en crecimiento sobre la avenida sea contagiado hacia esta nueva zona. A su vez, la curvatura de la avenida provoca una disminución de la velocidad del automóvil por sobre el parque y una sensible continuidad entre la apertura de la prolongación de Lisandro de la Torre hacia Piedrabuena, tan directa como la misma continuidad de la misma hacia General Paz.
La inclusión de un sector de la ciudad desplazada y de la sociedad que la habita no implica la sumisión del resto a incursionar en los sectores a recuperar libremente como si las barreras culturales, económicas y psicológicas que las separaron por décadas se borrara instantáneamente. El miedo a dormir con la luz apagada no se quita de una noche a la otra. La simple inserción de programa de prestigio en zonas degradadas no incide directamente en el crecimiento y toma de valor de los sectores aledaños. Una actividad ajena a estos sectores implica una inmigración. Tanto el inmigrante como los locales sentirán miedo, uno a estar en una zona degradada y de riesgo por muchos años y el otro a ser desplazado o sentirse agredido. La inserción de los bordes debe fomentar beneficios para ambas partes en forma directa y no aparentes ni ideales y permitir que la interacción se vaya generando de forma natural a través del tiempo..
Se implantan los edificios de prestigio en puntos estratégicos donde quien es nuevo en el lugar no experimente miedo de llegar a su destino y que el local no se sienta invadido, desplazado o agredido. El sector beneficiado por los mismos no debe sentirse agredido por los cambios, sino inserto en un mejoramiento sensible tanto de su calidad de vida como de su inserción psíquica dentro de la sociedad del que fue excluido durante mucho tiempo, otorgándole el sentimiento de que es posible su crecimiento. Esto implica que el cambio no solo tiene que ser, sino también parecer. El cambio debe ser sustanciable, tangible y no debe proporcionar un desarraigo desproporcionado que recuerde lo trágico del pasado, sino lo prospero que puede ser el futuro.
Por este motivo la implantación del edificio de la Facultad de Veterinaria de la UBA y el Centro de Convenciones en la intersección de la Av. Eva Perón y de la Av. Lisandro de la Torre forman la puerta de ingreso al centro cívico enmarcado por los nuevos edificios con arcadas (estos son en el borde, en la intersección de las dos partes interesadas como manos que se estrechan), y como fondo el elefante blanco dominándolo todo como desde hace mucho tiempo.
El salvataje y puesta en valor del edificio del elefante blanco es un símbolo irrenunciable en este proyecto, como faro de que el abandono ex profeso del estado hacia la baja sociedad es un hecho reversible. Este debe subsistir, aunque sea vacio, a modo de monumento de memoria. Se propone la creación de usos permanentes tales como: un nuevo CGP, Centro psicoanalítico, Centro de tratamiento de adicciones, Hogar de ancianos, dispensario etc., todos aquellos usos de asistencia del estado hacia la sociedad, viviendas permanentes, viviendas transitorias en el proceso de urbanización definitiva de la villa de emergencia para los habitantes afectados por las obras de urbanización en las distintas etapas.
La estructura predominante del Elefante Blanco se ve alivianada por los volúmenes menores rondantes escalando la perspectiva. En este sector se piensa un centro comercial y de esparcimiento que no desborde en escala la proyección real de explotación pero sí que incluya las proyecciones a futuro de la zona. La conformación de un centro gastronómico y comercial de la escala similar al existente en Ciudadela (sobre la General Paz frente a Liniers) o en La Ferrere se cree posible en este sector. La clase baja trabajadora satura estos centros gastronómicos de baja inversión, sobre todo los viernes y sábados luego del horario laboral.
Dentro de este centro Cívico-Comercial se incluye la escuela, el taller de reciclado, la fábrica de equipamiento y edificios de pequeños emprendimientos, fomentando la generación de pequeñas economías acorde a la infraestructura planteada. A los pies de la villa (sobre el otro borde) se implantan el programa Prohuerta y el colegio Agropecuario (Floricultura), siendo coherente con lo planteado anteriormente.
Sobre todo este centro por medio de un loteo disciplinado, se configura un espacio vivencial en el que la híbrida multiplicidad de uso y verde genera un paisaje dinámicamente funcional en el cual las diferentes y discriminadas zonas (villa, edificios exentos, manzanas, torres, contemplativas, disciplinarias, circulatorias, verdes, recreativas y administrativas-funcionales etc.) conviven en un equilibrio dinámico y se pierden en un todo homogéneo potenciando la interacción. La inserción de todo el programa de asistencia social ayuda a que este nuevo centro sea tomado rápidamente como propio por la gente de la villa, y la lejanía de los centros comerciales en la zona del complejo Piedrabuena y los bordes de la Autopista posibilitarían un acercamiento paulatino de estas zonas hacia la utilización de este centro más cercano.
A su vez, la colocación de toda la actividad sobre el eje Av. Lisandro de la Torre – Piedrabuena y la conformación de los dos núcleos, potencia una centralidad que a futuro se espera se fusione.
Se amplía la infraestructura vial de la zona incluyéndola dentro de la circulación global de la Ciudad de Buenos Aires. Se generan corredores vehiculares, nuevas calles secundarias y jerarquización del eje estructurante de penetración metropolitana (Av. Eva Perón). Se potencia la articulación estratégica del sector con el resto de la Ciudad y la Provincia mediante la conclusión de vías inconclusas y la explotación de nuevas favorecidas por el retiro del Mercado de Liniers y la urbanización de la Villa 15, tales como: la continuación de Lisandro de la Torre hasta la intersección de la vinculación de la Av. Argentina y la Av. Piedrabuena; generación de un nuevo boulevard que vincule al actual existente del lado provincia (Vélez Sarsfield) con Lisandro de la torre a la altura del ingreso del complejo de viviendas de relocalización. La conexión de la Av. De los Corrales con los bulevares del otro lado del parque (Remedios y Gral. Garzón) permiten generar un corredor verde que se vincularía con el Boulevard Bilbao tras pasar por debajo de la autopista (donde ésta aun se encuentra elevada), atravesando el parque Avellaneda llegando hasta el parque Chacabuco, poco antes de la intersección de la Av. Eva Perón y Directorio. Este nuevo corredor, sumado al puente que cruzara el Riachuelo a la altura de Lacarra, las Av. Escalada, Larrazabal, General Paz y otras transversales generan una excelente vinculación vehicular con los cuatro puntos cardinales.
La prolongación de la línea de subtes desde Plaza de los Virreyes hasta el parque potenciaría el valor de la tierra y la demanda en la zona acelerando los tiempos de consolidación del proyecto.
Las curvaturas de las avenidas, sus bulevares, generan un corredor visual agradable a la vista, contorneando edificios, cruzando arboledas, alejándose en lo posible de los parques permiten que la funcionalidad de la de las avenidas no desgaste la estética, dejándola subordinada.
Las nuevas viviendas para relocalización de habitantes se generan bajo la idea de un piso y un cielo propio para cada familia. La mixtura entre la manzana tallarín y la ciudad jardín otorgan a este sector las virtudes de cada tipología (maximización de espacios públicos, perspectivas contenidas, velocidad vehicular reducida, comunicación con el tejido existente, etc). El sentimiento de propiedad, la ausencia de consorcios y una construcción tradicional permiten a cada familia depender solo de sí misma para el mantenimiento de la vivienda. La baja altura de las edificaciones permite la ausencia de tanque de reserva y la disminución de los costos. Los techos de chapa por sobre la planta alta desalientan el crecimiento vertical.


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